sábado, 18 de octubre de 2008

MARCHALENES: POBLADO O ARRABAL

Marchalenes: poblado o arrabal

Juan B. Viñals Cebriá
Nuestro territorio




Esto es, MARJALENA/Marchalenes: una breve parcela antaño situada a la vera del río Turia, en el septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia. Quien busque cielos oscuros que no se detenga por estos lares, porque el raval de Marchalenes es festivo, alegre y comprometido con el trabajo. Los viejos Marjalers eran antaño unas personas satisfechas y al que no le producía demasiada merma el sentimiento trágico de la vida. Lo que de verdad conocían, eso si, es el costo de la placidez.
Visto desde la distancia, antiguamente Marchalenes era como un paraíso donde podía yacer encubierta la fortuna para los hombres de propensión clara y pulso sereno. Hay quien piensa que en este arrabal prendía el oro cual vegetal de las ramas de los árboles de los más variados frutos que por estas ubérrimas huertas se cultivaban, o se multiplican las ganancias en las espigas de los arrozales: eso fue siempre una verdad a medias, pues el oro dels Marjalers se llamaba esfuerzo y sacrificio.
¡Qué esfuerzo más sobrehumano! Muchas de las tierras, antes de ser trasformadas en terres d`horta, fueron como bien dijo el erudito Roque Chabás.-“junquerales y almarjales”. Muchos de estos fértiles campos, antes de ser horta, fueron baldíos aigua molls. Las dificultades con el que hubieron de encararse los primitivos Marjalers y que lo consiguieron con sapiencia y trabajo, es el agua que sobraba con demasía en algunas partes, llevarla donde faltaba en otras. Habia que transformar y por lo tanto esforzase en trabajar. De no contar con personas tan esforzadas e inteligentes, una amplísima franja del territorio de este arrabal hubiese quedado varado como territorio yermo todo como consecuencia de la descomposición de las aguas estancadas. Pero hay que reconocer lo que han hecho los labradores de esta partida, para trocar en huerta fecunda los determinativos humedales.
La lucha frente los marjales y junquerales, iniciada por nuestro primitivos pobladores fue una lucha dura, que costo cuantiosísimas vidas y esfuerzos indomables. Poco se ha escrito sobre la tenacidad, y el esfuerzo desplegado por aquellos hombres primitivos. Poco se ha contado sobre aquella odisea que tuvieron que soportar para aplacar el agua y en otros territorios debidamente canalizarla. Lamentablemente se ha escrito muy poco si exceptuamos los certeros escritos de Vicente Blasco Ibáñez, el novelista valenciano más universal. Poblado que por su importancia contaba con las torres vigías (espiocas), de la Unión, la Torreta de la Zaidia, y la Torreta de Tendetes.

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